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lunes, 30 de noviembre de 2015

Capitulo VI

Hola seguidores sigo con los capítulos de mi libro sobre el Hospital Civil que empece a publicar el pasado verano

CAPÍTULO VI
LAS CALAMIDADES AMBIENTALES COMO FUENTE DE ENFERMEDAD
AHORA AGUA EN EXCESO
Se ha contemplado el agua como problema en su escasez y abastecimiento, ahora la mencionaremos desde el punto de vista de las inundaciones que a lo largo de los años 1544, 1548, 1554,1561 azotaron a Málaga. Su causa siempre la misma: el exceso de lluvia, que con su rudeza ocasionaba un lecho de considerables crecidas, no solo por la cantidad, sino por el material que acumulaba a su paso.
Los montes de Málaga, tras los repartos de los Reyes Católicos, fueron desprovistos de su masa arbórea y sustituida por plantaciones de vid, que no solo no amortiguaban el paso de su río crecido por la lluvia, sino que arrastraba los sembrados, convirtiéndolos en material de arrastre.
La muerte era ocasionada al malagueño bien por ahogamiento, o de forma más lenta y dañina como fuente de infección y posterior epidemia, debido el encharcamiento y estancamiento de las aguas en las arterias adyacentes de los ríos.
En la centuria siguiente nuevamente Málaga fue víctima del agua. El desbordamiento del Guadalmedina y del arroyo del Calvario inundó a la población en 1616. Años más tarde en 1628, coincidiendo con la festividad de San Lino, en plena madrugada y con no más de seis horas de duración, fueron suficientes, para que el agua de la cañada de Gibralfaro, se acumulara hacia la Victoria, uniéndose con las del Guadalmedina para inundar los barrios del Perchel y Trinidad.
El agua siguió haciendo de las suyas en este caso, la del mar, que tras un fuerte temporal atravesó a la ciudad inundándola.
"En el siguiente año 1636 hubo tan furiosa tormenta en el mar, que pasando sus olas por cima del muelle, quebró muchas columnas, donde se aferran las naves, anegaron la playa, terraplenaron las Atarazanas, y entró el mar en la plazuela de la Alhóndiga." (García de la Leña)
No quedo aquí la historia de las inundaciones Malagueñas, pues se fueron repitiendo a lo largo de los años. Las ocurridas en 1661,1764 y 1784 no fueron, a pesar de la intensidad de las mismas y las consecuencias que tuvieron, motivo para que las autoridades pusieran remedios eficaces y evitaran las venideras, en el siglo XX.
Dos grandes terremotos ocupan escenario en este periodo en los años 1494 y 1681, para agravar aún más el estado de Málaga azotado por las epidemias de peste coincidentes.


LAS EPIDEMIAS
En cuanto a las epidemias, son muchos los factores desencadenantes y favorecedores de un brote epidémico: en términos generales y de forma particular en Málaga abierta a la importación de cualquier foco infeccioso a través del mar.
Entre los primeros, en orden de importancia mencionaremos los factores ambientales: inundaciones, terremotos, sequías que conducían a una población deficitaria en medios y con importantes factores carenciales en cuanto a alimentación se refiere. Otros no menos importantes son las limitaciones de salubridad pública tanto en el abastecimiento de agua, como en los recursos para la eliminación de desechos urbanos.
El desconocimiento del agente causal, conducía a los médicos y a autoridades a tomar medidas de prevención poco acertadas, que no solo evitaban el problema, sino que lo agrandaba con las medidas sanitarias adoptadas.
La atribución de las mismas a la divinidad, como castigo al comportamiento humano, unido al peligro del contagio, conducían a un determinado número de personas a abandonar la solidaridad y ayuda al prójimo y en ocasiones a emigrar a otros puntos geográficos.
Por ultimo intereses comerciales y de miedo al aislamiento de la ciudad, ocultaban muchas veces la magnitud del problema favoreciendo su propagación.
Durante el periodo que la Hermandad de la Caridad, estuvo regentando el hospital del mismo nombre, Málaga padeció los estragos de diez focos epidémicos.
Comenzando con el cerco de la propia conquista en 1487, los gérmenes cultivados en el campo de batalla fueron los causantes de la peste que se desarrollo en Málaga en 1493.
La peste es una zoonosis transmisible que afecta a los roedores salvajes y domésticos. La rata acoge al bacilo que luego es ingerido por la pulga, que tras la picadura al ser humano le desarrolla la enfermedad. El cuadro clínico se denomina peste bubónica o ganglionar y consiste en una diseminación a través del sistema circulatorio a los ganglios linfáticos, donde se acantonan los bacilos produciendo inflamación, dolor y elevada fiebre, explosionando el bubón hacia el exterior. En este estadio mueren entre el 40-90% de los afectados. Los sobrevivientes acantonan los gérmenes a nivel pulmonar dando un cuadro clínico de neumonía con tos y expectoración. Siendo contagiosa a nivel aéreo en esta fase, muriendo igualmente el 90% de los afectados. El 10% restante pasaba a la tercera fase terminal o septicémica donde el bacilo se extiende por todo el cuerpo y el paciente adquiere un color azulado con la aparición de grandes placas necróticas de ahí el nombre de peste negra. En este estadio el cuadro era irreversible y el paciente moría.
Fueron epidemias de peste bubónica, las acaecidas en Málaga durante los años 1493, 1582, 1597, 1600, 1637, 1649,1678.
La entrada de ropas contaminadas como la del 1582, la compra de tejidos en Flandes en 1600, o de telas de países con la epidemia como la de 1597, o bien del propio pasaje y del trigo podrido de barcos entrantes en el puerto de Málaga como en 1637, y la tropa militar en 1649, ocasionaron grandes bajas en la población de Málaga.
Los cinco hospitales existentes en este momento en la ciudad eran insuficientes ante los focos epidémicos y se acondicionaban centros y hasta calles enteras para la atención de los enfermos. El Hospital Real de la Caridad habilitado para enfermos que padecían lepra y calenturas, también en tiempos de epidemia acogía a parte de los contagiados.
Podemos documentar en la epidemia de peste de 1678, que de las 8000 personas fallecidas en Málaga, el hospital acogió a 1213, de las cuales murieron 896; el 8 de noviembre de 1678 salieron del hospital 176 convalecientes que fueron en procesión hasta el Templo de Nuestra Sra. de la Victoria en acción de gracias.
Otras tres epidemias de distintas características clínicas a la peste bubónica, pero similares entre si, azotaron a la ciudad en 1522,1580 y 1674.La epidemia de moquillo de 1522, donde los enfermos padecían una secreción de moco purulento que le obligaba a estornudar y a emitir de este modo la fuente de contagio. Cuentan los historiadores que a partir de aquí se estableció la tradición de decir: Jesús, José y María ante cualquier estornudo con un efecto espiritual de protección.




















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